Copyright © 2026 - Asociación Nacional Carabinieri - Sección Exterior ESPAÑA
- Registro Nacional de Asociaciones nr. 633.278 -
El Reino de España
Características físicas
España
ocupa
la
mayor
parte
de
la
Península
Ibérica,
compar
-
tida
con
Portugal,
y
refleja
su
estructura
geográfica
fundamen
-
tal.
En
el
centro
del
territorio
se
extiende
la
Meseta,
una
vasta
altiplanicie
de
origen
antiguo
que
constituye
el
núcleo
geológico
de
la
península.
Alrededor
de
este
corazón
continental
se
dispo
-
nen
importantes
sistemas
montañosos:
al
norte,
la
cadena
de
la
Cordillera
Cantábrica
y
los
Pirineos,
que
marcan
la
frontera
natural
con
Francia;
al
sur,
la
Cordillera
Bética,
que
acompaña
el perfil de Andalucía.
Entre
las
áreas
montañosas
y
la
Meseta
se
abren
regiones
inter
-
medias,
modeladas
a
lo
largo
del
tiempo
por
la
acción
de
los
ríos,
que
han
excavado
valles
y
rellenado
llanuras
con
sus
depósitos.
Además
del
territorio
peninsular,
España
comprende
los
archip
-
iélagos
de
las
Baleares,
en
el
Mediterráneo,
y
de
las
Canarias,
en
el
océano
Atlántico,
estas
últimas
geográficamente
más
próx
-
imas
a
África
que
a
Europa.
El
país
incluye
asimismo
el
enclave
de
Llivia,
un
pequeño
núcleo
urbano
rodeado
por
territorio
francés,
y
las
llamadas
plazas
de
soberanía
a
lo
largo
de
la
costa
marroquí:
las
ciudades
de
Ceuta
y
Melilla
y
algunos
islotes
es
-
tratégicos
como
el
Peñón
de
Vélez
de
la
Gomera,
el
Peñón
de
Alhucemas y las islas Chafarinas.
Clima
El
clima
de
España
presenta
una
notable
variedad,
fruto
de
la
compleja
morfología
del
territorio
y
de
la
diversa
influencia
de
las
masas
de
aire
oceánicas
y
mediterráneas.
En
líneas
gen
-
erales,
puede
distinguirse
una
amplia
zona
interior,
dominada
por
características
continentales
y
relativamente
áridas,
y
las
franjas
costeras,
donde
la
influencia
del
mar
suaviza
las
temper
-
aturas
y
la
humedad.
Sin
embargo,
el
panorama
climático
es
mucho más articulado y requiere una distinción más precisa.
En
el
noroeste,
a
lo
largo
de
la
costa
atlántica,
predomina
un
clima
oceánico,
caracterizado
por
lluvias
frecuentes,
temperat
-
uras
moderadas
y
escasas
amplitudes
térmicas.
Condiciones
sim
-
ilares
se
encuentran
también
en
la
vertiente
pirenaica,
aunque
allí
las
temperaturas
son
más
bajas
y
las
variaciones
estacionales
más marcadas.
En
el
corazón
de
la
península,
sobre
la
Meseta,
el
clima
adquiere
rasgos
claramente
continentales:
veranos
calurosos,
in
-
viernos
rigurosos,
fuertes
amplitudes
térmicas
y
precipitaciones
escasas.
En
amplias
regiones
como
Castilla
la
Vieja
y
Castilla
la
Nueva,
La
Mancha
y
el
sur
de
Extremadura,
las
precipitaciones
anuales
descienden
a
menudo
por
debajo
de
los
500
milímetros.
Estas
condiciones
se
vuelven
aún
más
extremas
en
la
Depresión
del
Ebro,
alrededor
de
Zaragoza,
una
de
las
áreas
más
áridas
del país.
En
el
sur,
en
Andalucía,
el
clima
presenta
características
sub
-
tropicales,
con
veranos
muy
calurosos
y
precipitaciones
relativa
-
mente
limitadas.
Condiciones
semejantes
se
encuentran
en
el
sureste
español,
donde
el
clima
mediterráneo
se
manifiesta
de
manera
acentuada:
veranos
secos
y
tórridos,
inviernos
suaves
y
una marcada tendencia a la sequía.
Historia
El
territorio
de
la
actual
España
estuvo
habitado
desde
la
Antigüedad
por
poblaciones
ibéricas
y
celtas,
a
las
que
se
añadieron
colonizadores
fenicios
y
griegos
en
las
costas
mediter
-
ráneas.
En
el
siglo
III
a.
C.,
los
cartagineses
se
establecieron
en
la
península,
pero
fueron
derrotados
por
los
romanos
durante
las
guerras
púnicas.
Entre
los
siglos
III
y
I
a.
C.,
España
fue
con
-
quistada
e
integrada
en
el
Imperio
romano,
convirtiéndose
en
una de sus provincias más importantes.
Durante
el
dominio
romano,
la
península
ibérica
fue
profunda
-
mente
romanizada:
se
difundieron
la
lengua
latina,
el
derecho
romano,
el
cristianismo
y
una
economía
agrícola
y
urbana
de
-
sarrollada.
Con
la
crisis
del
Imperio
romano,
en
el
siglo
V,
España
fue
invadida
por
pueblos
germánicos
(vándalos,
suevos
y
alanos)
y
finalmente
por
los
visigodos,
que
fundaron
un
reino
con
capital
en
Toledo.
El
reino
visigodo,
aunque
intentó
unificar
política
y
religiosamente
el
territorio,
permaneció
frágil
y
dividido.
En
el
año
711,
árabes
y
bereberes
musulmanes
procedentes
del
norte
de
África
invadieron
la
península
ibérica
y
derrotaron
a
los
visigodos.
En
pocos
años
conquistaron
casi
toda
España,
dando
origen
a
al-Ándalus,
uno
de
los
más
importantes
centros
de la civilización islámica occidental.
El
dominio
musulmán
se
caracterizó
inicialmente
por
una
rela
-
tiva
tolerancia
religiosa
hacia
cristianos
y
judíos,
lo
que
favore
-
ció
la
estabilidad
política
y
cultural.
Con
la
fundación
del
emirato
de
Córdoba
(756)
y
posteriormente
del
califato
(929),
la
España
musulmana
conoció
un
período
de
gran
esplendor
económico,
científico
y
artístico.
Córdoba
se
convirtió
en
una
de
las ciudades más ricas y cultas de Europa.
Sin
embargo,
en
el
siglo
XI,
el
califato
se
derrumbó
debido
a
conflictos
internos,
y
el
territorio
se
fragmentó
en
pequeños
reinos musulmanes (taifas), políticamente débiles.
Ya
después
de
la
invasión
musulmana,
en
las
regiones
mon
-
tañosas
del
norte
se
habían
formado
pequeños
reinos
cristianos,
como
el
de
Asturias,
y
posteriormente
León,
Castilla,
Navarra
y
Aragón.
A
partir
de
estos
núcleos
comenzó
un
largo
proceso
de
reconquista
de
los
territorios
ocupados
por
los
musulmanes,
conocido como la Reconquista.
A
lo
largo
de
los
siglos,
los
reinos
cristianos
avanzaron
progresi
-
vamente
hacia
el
sur,
aprovechando
la
división
interna
del
mundo
musulmán.
Las
victorias
decisivas,
como
la
de
Las
Navas
de
Tolosa
(1212),
abrieron
el
camino
para
la
conquista
de
Andalucía.
A
finales
del
siglo
XIII,
el
dominio
musulmán
había
quedado
reducido
únicamente
al
reino
de
Granada,
que
resistió
hasta 1492.
Paralelamente
a
la
Reconquista,
se
consolidaron
dos
grandes
potencias
cristianas
en
la
península:
el
reino
de
Castilla
y
el
de
Aragón.
Castilla
se
expandió
principalmente
hacia
el
sur,
mien
-
tras
que
Aragón
desarrolló
una
política
mediterránea,
extendi
-
endo su influencia sobre Baleares, Sicilia y Cerdeña.
En
1469,
el
matrimonio
entre
Isabel
de
Castilla
y
Fernando
de
Aragón
marcó
el
inicio
de
la
unificación
política
de
España.
Con
la
conquista
de
Granada
en
1492
concluyó
la
Reconquista,
mientras
que
en
ese
mismo
año
el
viaje
de
Cristóbal
Colón
abrió el camino a la colonización de América.
Bajo
los
Reyes
Católicos,
España
se
transformó
en
un
Estado
unitario
y
centralizado.
Se
reforzó
la
autoridad
monárquica
y
se
introdujo
la
Inquisición,
que
golpeó
duramente
a
judíos
y
musul
-
manes:
los
judíos
fueron
expulsados
en
1492
y,
en
el
siglo
sigu
-
iente, también los moriscos (musulmanes convertidos).
En
el
siglo
XVI,
España
se
convirtió
en
una
de
las
principales
potencias
mundiales.
Bajo
Carlos
V
y
Felipe
II,
el
país
contro
-
laba
vastos
territorios
en
Europa
y
un
inmenso
imperio
colonial
en
América.
La
llegada
de
oro
y
plata
del
Nuevo
Mundo
ali
-
mentó
la
riqueza
de
la
monarquía
y
su
papel
dominante
en
la
política europea.
España
fue
protagonista
de
las
grandes
guerras
religiosas
y
políticas
de
la
época:
combatió
contra
Francia,
Inglaterra
y
los
Países
Bajos,
y
se
presentó
como
baluarte
de
la
Contrarreforma
católica.
Sin
embargo,
las
continuas
guerras,
la
intolerancia
reli
-
giosa
y
los
problemas
económicos
marcaron
el
inicio
de
su
decadencia.
En
el
siglo
XVII,
España
perdió
progresivamente
su
papel
de
po
-
tencia
hegemónica.
Las
derrotas
militares,
las
crisis
económicas
y
la
pérdida
de
territorios
europeos
debilitaron
el
Estado.
A
la
muerte
del
último
soberano
de
la
casa
de
Austria,
Carlos
II,
es
-
talló
la
guerra
de
sucesión
española
(1701–1714),
que
llevó
al
trono a la dinastía borbónica.
Con
los
Borbones,
España
inició
un
proceso
de
reformas
ad
-
ministrativas
y
económicas
inspiradas
en
la
Ilustración.
Se
mod
-
ernizaron
las
instituciones,
se
reorganizó
el
imperio
colonial
y
se
impulsó
el
comercio.
Sin
embargo,
el
país
siguió
marcado
por
el
atraso
económico
y
la
dependencia
de
las
grandes
potencias
europeas.
En
el
siglo
XIX,
España
se
vio
sacudida
por
la
invasión
napoleónica
(1808–1814),
que
estimuló
el
nacimiento
del
liberal
-
ismo
y
de
la
Constitución
de
1812.
Tras
la
restauración
monárquica,
el
país
estuvo
marcado
por
la
inestabilidad
política,
los
conflictos
entre
liberales
y
conservadores
y
las
guerras
carlistas.
Mientras
tanto,
las
colonias
americanas
conquistaron
su
inde
-
pendencia,
privando
a
España
de
su
imperio.
La
derrota
de
1898
frente
a
Estados
Unidos
marcó
la
pérdida
de
las
últimas
colonias
y una profunda crisis nacional.
En
las
primeras
décadas
del
siglo
XX,
España
atravesó
fuertes
tensiones
sociales
y
políticas,
culminadas
en
la
dictadura
de
Primo
de
Rivera
(1923–1930).
En
1931
fue
proclamada
la
República,
que
introdujo
reformas
democráticas
y
sociales,
pero
no logró resolver las profundas divisiones del país.
En
1936
estalló
la
guerra
civil
entre
republicanos
y
nacionalistas
dirigidos
por
Francisco
Franco.
Tras
tres
años
de
sangriento
conflicto,
Franco
instauró
una
dictadura
autoritaria.
Durante
el
régimen
franquista,
España
permaneció
políticamente
aislada,
aunque
experimentó
un
fuerte
desarrollo
económico
a
partir
de
los
años
sesenta.
A
la
muerte
de
Franco
en
1975,
el
rey
Juan
Carlos
I
guió
la
transición
hacia
la
democracia,
culminada
con
la Constitución de 1978.
En
las
últimas
décadas,
España
se
ha
consolidado
como
un
Estado
democrático,
integrado
en
la
Unión
Europea
y
protago
-
nista
de
la
política
internacional.
En
2014,
Juan
Carlos
I
abdicó
en favor de su hijo Felipe VI, actual rey de España.