El Reino de España

Características físicas

España

ocupa

la

mayor

parte

de

la

Península

Ibérica,

compartida

con

Portugal,

y

refleja

su

estructura

ge

-

ográfica

fundamental.

En

el

centro

del

territorio

se

extiende

la

Meseta,

una

vasta

altiplanicie

de

origen

an

-

tiguo

que

constituye

el

núcleo

geológico

de

la

península.

Alrededor

de

este

corazón

continental

se

disponen

importantes

sistemas

montañosos:

al

norte,

la

cadena

de

la

Cordillera

Cantábrica

y

los

Pirineos,

que

mar

-

can la frontera natural con Francia; al sur, la Cordillera Bética, que acompaña el perfil de Andalucía.

Entre

las

áreas

montañosas

y

la

Meseta

se

abren

regiones

intermedias,

modeladas

a

lo

largo

del

tiempo

por

la

acción

de

los

ríos,

que

han

excavado

valles

y

rellenado

llanuras

con

sus

depósitos.

Además

del

territorio

peninsular,

España

comprende

los

archipiélagos

de

las

Baleares,

en

el

Mediterráneo,

y

de

las

Canarias,

en

el

océano

Atlántico,

estas

últimas

geográficamente

más

próximas

a

África

que

a

Europa.

El

país

incluye

asimismo

el

enclave

de

Llivia,

un

pequeño

núcleo

urbano

rodeado

por

territorio

francés,

y

las

llamadas

plazas

de

soberanía

a

lo

largo

de

la

costa

marroquí:

las

ciudades

de

Ceuta

y

Melilla

y

algunos

islotes

es

-

tratégicos como el Peñón de Vélez de la Gomera, el Peñón de Alhucemas y las islas Chafarinas.

Clima

El

clima

de

España

presenta

una

notable

variedad,

fruto

de

la

compleja

morfología

del

territorio

y

de

la

diversa

influencia

de

las

masas

de

aire

oceánicas

y

mediterráneas.

En

líneas

generales,

puede

distinguirse

una

amplia

zona

interior,

dominada

por

características

continentales

y

relativa

-

mente

áridas,

y

las

franjas

costeras,

donde

la

influencia

del

mar

suaviza

las

temperaturas

y

la

humedad.

Sin

embargo,

el

panorama

climático

es

mucho más articulado y requiere una distinción más precisa.

En

el

noroeste,

a

lo

largo

de

la

costa

atlántica,

predomina

un

clima

oceánico,

caracterizado

por

lluvias

frecuentes,

temperaturas

moderadas

y

escasas

amplitudes

térmicas.

Condiciones

similares

se

encuentran

también

en

la

vertiente

pirenaica,

aunque

allí

las

temperaturas

son

más

bajas

y

las

variaciones estacionales más marcadas.

En

el

corazón

de

la

península,

sobre

la

Meseta,

el

clima

adquiere

rasgos

claramente

continen

-

tales:

veranos

calurosos,

inviernos

rigurosos,

fuertes

amplitudes

térmicas

y

precipitaciones

escasas.

En

amplias

regiones

como

Castilla

la

Vieja

y

Castilla

la

Nueva,

La

Mancha

y

el

sur

de

Extremadura,

las

precipitaciones

anuales

descienden

a

menudo

por

debajo

de

los

500

milímetros.

Estas

condiciones

se

vuelven

aún

más

extremas

en

la

Depresión

del

Ebro,

alrededor

de

Zaragoza,

una de las áreas más áridas del país.

En

el

sur,

en

Andalucía,

el

clima

presenta

características

subtropicales,

con

veranos

muy

calurosos

y

precipitaciones

relativamente

limitadas.

Condiciones

semejantes

se

encuentran

en

el

sureste

español,

donde

el

clima

mediterráneo

se

manifiesta

de

manera

acentuada:

veranos

secos

y

tórridos, inviernos suaves y una marcada tendencia a la sequía.

Historia

El

territorio

de

la

actual

España

estuvo

habitado

desde

la

Antigüedad

por

poblaciones

ibéricas

y

celtas,

a

las

que

se

añadieron

colonizadores

fenicios

y

griegos

en

las

costas

mediterráneas.

En

el

siglo

III

a.

C.,

los

cartagineses

se

establecieron

en

la

península,

pero

fueron

derrotados

por

los

romanos

durante

las

guerras

púnicas.

Entre

los

siglos

III

y

I

a.

C.,

España

fue

conquistada

e

integrada

en

el

Imperio

romano,

convirtiéndose

en

una

de

sus

provincias más importantes.

Durante

el

dominio

romano,

la

península

ibérica

fue

profundamente

romanizada:

se

difundieron

la

lengua

latina,

el

derecho

romano,

el

cristian

-

ismo

y

una

economía

agrícola

y

urbana

desarrollada.

Con

la

crisis

del

Imperio

romano,

en

el

siglo

V,

España

fue

invadida

por

pueblos

germánicos

(vándalos,

suevos

y

alanos)

y

finalmente

por

los

visigodos,

que

fundaron

un

reino

con

capital

en

Toledo.

El

reino

visigodo,

aunque

intentó

unificar

política y religiosamente el territorio, permaneció frágil y dividido.

En

el

año

711,

árabes

y

bereberes

musulmanes

procedentes

del

norte

de

África

invadieron

la

península

ibérica

y

derrotaron

a

los

visigodos.

En

pocos

años

con

-

quistaron

casi

toda

España,

dando

origen

a

al-Ándalus,

uno

de

los

más

impor

-

tantes centros de la civilización islámica occidental.

El

dominio

musulmán

se

caracterizó

inicialmente

por

una

relativa

tolerancia

re

-

ligiosa

hacia

cristianos

y

judíos,

lo

que

favoreció

la

estabilidad

política

y

cultural.

Con

la

fundación

del

emirato

de

Córdoba

(756)

y

posteriormente

del

califato

(929),

la

España

musulmana

conoció

un

período

de

gran

esplendor

económico,

científico

y

artístico.

Córdoba

se

convirtió

en

una

de

las

ciudades

más

ricas

y

cultas de Europa.

Sin

embargo,

en

el

siglo

XI,

el

califato

se

derrumbó

debido

a

conflictos

internos,

y

el

territorio

se

fragmentó

en

pequeños

reinos

musulmanes

(taifas),

política

-

mente débiles.

Ya

después

de

la

invasión

musulmana,

en

las

regiones

montañosas

del

norte

se

habían

formado

pequeños

reinos

cristianos,

como

el

de

Asturias,

y

posteriormente

León,

Castilla,

Navarra

y

Aragón.

A

partir

de

estos

núcleos

comenzó

un

largo

proceso

de

reconquista

de

los

territorios

ocupados

por

los musulmanes, conocido como la Reconquista.

A

lo

largo

de

los

siglos,

los

reinos

cristianos

avanzaron

progresivamente

hacia

el

sur,

aprovechando

la

división

interna

del

mundo

musulmán.

Las

vic

-

torias

decisivas,

como

la

de

Las

Navas

de

Tolosa

(1212),

abrieron

el

camino

para

la

conquista

de

Andalucía.

A

finales

del

siglo

XIII,

el

dominio

musulmán había quedado reducido únicamente al reino de Granada, que resistió hasta 1492.

Paralelamente

a

la

Reconquista,

se

consolidaron

dos

grandes

potencias

cristianas

en

la

península:

el

reino

de

Castilla

y

el

de

Aragón.

Castilla

se

ex

-

pandió

principalmente

hacia

el

sur,

mientras

que

Aragón

desarrolló

una

política

mediterránea,

extendiendo

su

influencia

sobre

Baleares,

Sicilia

y

Cerdeña.

En

1469,

el

matrimonio

entre

Isabel

de

Castilla

y

Fernando

de

Aragón

marcó

el

inicio

de

la

unificación

política

de

España.

Con

la

conquista

de

Granada

en

1492

concluyó

la

Reconquista,

mientras

que

en

ese

mismo

año

el

viaje

de

Cristóbal

Colón

abrió

el

camino

a

la

colonización

de

América.

Bajo

los

Reyes

Católicos,

España

se

transformó

en

un

Estado

unitario

y

centralizado.

Se

reforzó

la

autoridad

monárquica

y

se

introdujo

la

Inquisición,

que

golpeó

duramente

a

judíos

y

musulmanes:

los

judíos

fueron

expulsados

en

1492

y,

en

el

siglo

siguiente,

también

los

moriscos

(musul

-

manes convertidos).

En

el

siglo

XVI,

España

se

convirtió

en

una

de

las

principales

potencias

mundiales.

Bajo

Carlos

V

y

Felipe

II,

el

país

controlaba

vastos

territorios

en

Europa

y

un

inmenso

imperio

colonial

en

América.

La

llegada

de

oro

y

plata

del

Nuevo

Mundo

alimentó

la

riqueza

de

la

monarquía

y

su

papel

dominante en la política europea.

España

fue

protagonista

de

las

grandes

guerras

religiosas

y

políticas

de

la

época:

combatió

con

-

tra

Francia,

Inglaterra

y

los

Países

Bajos,

y

se

presentó

como

baluarte

de

la

Contrarreforma

católica.

Sin

embargo,

las

continuas

guerras,

la

intolerancia

religiosa

y

los

problemas

económi

-

cos marcaron el inicio de su decadencia.

En

el

siglo

XVII,

España

perdió

progresivamente

su

papel

de

potencia

hegemónica.

Las

derro

-

tas

militares,

las

crisis

económicas

y

la

pérdida

de

territorios

europeos

debilitaron

el

Estado.

A

la

muerte

del

último

soberano

de

la

casa

de

Austria,

Carlos

II,

estalló

la

guerra

de

sucesión

es

-

pañola (1701–1714), que llevó al trono a la dinastía borbónica.

Con

los

Borbones,

España

inició

un

proceso

de

reformas

administrativas

y

económicas

inspi

-

radas

en

la

Ilustración.

Se

modernizaron

las

instituciones,

se

reorganizó

el

imperio

colonial

y

se

impulsó

el

comercio.

Sin

embargo,

el

país

siguió

marcado

por

el

atraso

económico

y

la

depen

-

dencia de las grandes potencias europeas.

En

el

siglo

XIX,

España

se

vio

sacudida

por

la

invasión

napoleónica

(1808–1814),

que

estimuló

el

nacimiento

del

liberalismo

y

de

la

Constitución

de

1812.

Tras

la

restauración

monárquica,

el

país

estuvo

marcado

por

la

inestabilidad

política,

los

conflictos

entre

liberales

y

conservadores

y

las

guerras carlistas.

Mientras

tanto,

las

colonias

americanas

conquistaron

su

independencia,

privando

a

España

de

su imperio. La derrota de 1898 frente a Estados Unidos marcó la pérdida de las últimas colonias y una profunda crisis nacional.

En

las

primeras

décadas

del

siglo

XX,

España

atravesó

fuertes

tensiones

sociales

y

políticas,

culminadas

en

la

dictadura

de

Primo

de

Rivera

(1923–1930).

En

1931

fue

proclamada

la

República,

que

introdujo

reformas

democráticas

y

sociales,

pero

no

logró

resolver

las

profundas

divisiones

del país.

En

1936

estalló

la

guerra

civil

entre

republicanos

y

nacionalistas

dirigidos

por

Francisco

Franco.

Tras

tres

años

de

sangriento

conflicto,

Franco

in

-

stauró

una

dictadura

autoritaria.

Durante

el

régimen

franquista,

España

permaneció

políticamente

aislada,

aunque

experimentó

un

fuerte

desar

-

rollo

económico

a

partir

de

los

años

sesenta.

A

la

muerte

de

Franco

en

1975,

el

rey

Juan

Carlos

I

guió

la

transición

hacia

la

democracia,

culminada

con la Constitución de 1978.

En

las

últimas

décadas,

España

se

ha

consolidado

como

un

Estado

democrático,

integrado

en

la

Unión

Europea

y

protagonista

de

la

política

internacional.

En

2014,

Juan

Carlos

I

abdicó

en

favor

de

su

hijo

Felipe

VI,

actual rey de España.

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El Reino de España

Características físicas

España

ocupa

la

mayor

parte

de

la

Península

Ibérica,

compar

-

tida

con

Portugal,

y

refleja

su

estructura

geográfica

fundamen

-

tal.

En

el

centro

del

territorio

se

extiende

la

Meseta,

una

vasta

altiplanicie

de

origen

antiguo

que

constituye

el

núcleo

geológico

de

la

península.

Alrededor

de

este

corazón

continental

se

dispo

-

nen

importantes

sistemas

montañosos:

al

norte,

la

cadena

de

la

Cordillera

Cantábrica

y

los

Pirineos,

que

marcan

la

frontera

natural

con

Francia;

al

sur,

la

Cordillera

Bética,

que

acompaña

el perfil de Andalucía.

Entre

las

áreas

montañosas

y

la

Meseta

se

abren

regiones

inter

-

medias,

modeladas

a

lo

largo

del

tiempo

por

la

acción

de

los

ríos,

que

han

excavado

valles

y

rellenado

llanuras

con

sus

depósitos.

Además

del

territorio

peninsular,

España

comprende

los

archip

-

iélagos

de

las

Baleares,

en

el

Mediterráneo,

y

de

las

Canarias,

en

el

océano

Atlántico,

estas

últimas

geográficamente

más

próx

-

imas

a

África

que

a

Europa.

El

país

incluye

asimismo

el

enclave

de

Llivia,

un

pequeño

núcleo

urbano

rodeado

por

territorio

francés,

y

las

llamadas

plazas

de

soberanía

a

lo

largo

de

la

costa

marroquí:

las

ciudades

de

Ceuta

y

Melilla

y

algunos

islotes

es

-

tratégicos

como

el

Peñón

de

Vélez

de

la

Gomera,

el

Peñón

de

Alhucemas y las islas Chafarinas.

Clima

El

clima

de

España

presenta

una

notable

variedad,

fruto

de

la

compleja

morfología

del

territorio

y

de

la

diversa

influencia

de

las

masas

de

aire

oceánicas

y

mediterráneas.

En

líneas

gen

-

erales,

puede

distinguirse

una

amplia

zona

interior,

dominada

por

características

continentales

y

relativamente

áridas,

y

las

franjas

costeras,

donde

la

influencia

del

mar

suaviza

las

temper

-

aturas

y

la

humedad.

Sin

embargo,

el

panorama

climático

es

mucho más articulado y requiere una distinción más precisa.

En

el

noroeste,

a

lo

largo

de

la

costa

atlántica,

predomina

un

clima

oceánico,

caracterizado

por

lluvias

frecuentes,

temperat

-

uras

moderadas

y

escasas

amplitudes

térmicas.

Condiciones

sim

-

ilares

se

encuentran

también

en

la

vertiente

pirenaica,

aunque

allí

las

temperaturas

son

más

bajas

y

las

variaciones

estacionales

más marcadas.

En

el

corazón

de

la

península,

sobre

la

Meseta,

el

clima

adquiere

rasgos

claramente

continentales:

veranos

calurosos,

in

-

viernos

rigurosos,

fuertes

amplitudes

térmicas

y

precipitaciones

escasas.

En

amplias

regiones

como

Castilla

la

Vieja

y

Castilla

la

Nueva,

La

Mancha

y

el

sur

de

Extremadura,

las

precipitaciones

anuales

descienden

a

menudo

por

debajo

de

los

500

milímetros.

Estas

condiciones

se

vuelven

aún

más

extremas

en

la

Depresión

del

Ebro,

alrededor

de

Zaragoza,

una

de

las

áreas

más

áridas

del país.

En

el

sur,

en

Andalucía,

el

clima

presenta

características

sub

-

tropicales,

con

veranos

muy

calurosos

y

precipitaciones

relativa

-

mente

limitadas.

Condiciones

semejantes

se

encuentran

en

el

sureste

español,

donde

el

clima

mediterráneo

se

manifiesta

de

manera

acentuada:

veranos

secos

y

tórridos,

inviernos

suaves

y

una marcada tendencia a la sequía.

Historia

El

territorio

de

la

actual

España

estuvo

habitado

desde

la

Antigüedad

por

poblaciones

ibéricas

y

celtas,

a

las

que

se

añadieron

colonizadores

fenicios

y

griegos

en

las

costas

mediter

-

ráneas.

En

el

siglo

III

a.

C.,

los

cartagineses

se

establecieron

en

la

península,

pero

fueron

derrotados

por

los

romanos

durante

las

guerras

púnicas.

Entre

los

siglos

III

y

I

a.

C.,

España

fue

con

-

quistada

e

integrada

en

el

Imperio

romano,

convirtiéndose

en

una de sus provincias más importantes.

Durante

el

dominio

romano,

la

península

ibérica

fue

profunda

-

mente

romanizada:

se

difundieron

la

lengua

latina,

el

derecho

romano,

el

cristianismo

y

una

economía

agrícola

y

urbana

de

-

sarrollada.

Con

la

crisis

del

Imperio

romano,

en

el

siglo

V,

España

fue

invadida

por

pueblos

germánicos

(vándalos,

suevos

y

alanos)

y

finalmente

por

los

visigodos,

que

fundaron

un

reino

con

capital

en

Toledo.

El

reino

visigodo,

aunque

intentó

unificar

política

y

religiosamente

el

territorio,

permaneció

frágil

y

dividido.

En

el

año

711,

árabes

y

bereberes

musulmanes

procedentes

del

norte

de

África

invadieron

la

península

ibérica

y

derrotaron

a

los

visigodos.

En

pocos

años

conquistaron

casi

toda

España,

dando

origen

a

al-Ándalus,

uno

de

los

más

importantes

centros

de la civilización islámica occidental.

El

dominio

musulmán

se

caracterizó

inicialmente

por

una

rela

-

tiva

tolerancia

religiosa

hacia

cristianos

y

judíos,

lo

que

favore

-

ció

la

estabilidad

política

y

cultural.

Con

la

fundación

del

emirato

de

Córdoba

(756)

y

posteriormente

del

califato

(929),

la

España

musulmana

conoció

un

período

de

gran

esplendor

económico,

científico

y

artístico.

Córdoba

se

convirtió

en

una

de

las ciudades más ricas y cultas de Europa.

Sin

embargo,

en

el

siglo

XI,

el

califato

se

derrumbó

debido

a

conflictos

internos,

y

el

territorio

se

fragmentó

en

pequeños

reinos musulmanes (taifas), políticamente débiles.

Ya

después

de

la

invasión

musulmana,

en

las

regiones

mon

-

tañosas

del

norte

se

habían

formado

pequeños

reinos

cristianos,

como

el

de

Asturias,

y

posteriormente

León,

Castilla,

Navarra

y

Aragón.

A

partir

de

estos

núcleos

comenzó

un

largo

proceso

de

reconquista

de

los

territorios

ocupados

por

los

musulmanes,

conocido como la Reconquista.

A

lo

largo

de

los

siglos,

los

reinos

cristianos

avanzaron

progresi

-

vamente

hacia

el

sur,

aprovechando

la

división

interna

del

mundo

musulmán.

Las

victorias

decisivas,

como

la

de

Las

Navas

de

Tolosa

(1212),

abrieron

el

camino

para

la

conquista

de

Andalucía.

A

finales

del

siglo

XIII,

el

dominio

musulmán

había

quedado

reducido

únicamente

al

reino

de

Granada,

que

resistió

hasta 1492.

Paralelamente

a

la

Reconquista,

se

consolidaron

dos

grandes

potencias

cristianas

en

la

península:

el

reino

de

Castilla

y

el

de

Aragón.

Castilla

se

expandió

principalmente

hacia

el

sur,

mien

-

tras

que

Aragón

desarrolló

una

política

mediterránea,

extendi

-

endo su influencia sobre Baleares, Sicilia y Cerdeña.

En

1469,

el

matrimonio

entre

Isabel

de

Castilla

y

Fernando

de

Aragón

marcó

el

inicio

de

la

unificación

política

de

España.

Con

la

conquista

de

Granada

en

1492

concluyó

la

Reconquista,

mientras

que

en

ese

mismo

año

el

viaje

de

Cristóbal

Colón

abrió el camino a la colonización de América.

Bajo

los

Reyes

Católicos,

España

se

transformó

en

un

Estado

unitario

y

centralizado.

Se

reforzó

la

autoridad

monárquica

y

se

introdujo

la

Inquisición,

que

golpeó

duramente

a

judíos

y

musul

-

manes:

los

judíos

fueron

expulsados

en

1492

y,

en

el

siglo

sigu

-

iente, también los moriscos (musulmanes convertidos).

En

el

siglo

XVI,

España

se

convirtió

en

una

de

las

principales

potencias

mundiales.

Bajo

Carlos

V

y

Felipe

II,

el

país

contro

-

laba

vastos

territorios

en

Europa

y

un

inmenso

imperio

colonial

en

América.

La

llegada

de

oro

y

plata

del

Nuevo

Mundo

ali

-

mentó

la

riqueza

de

la

monarquía

y

su

papel

dominante

en

la

política europea.

España

fue

protagonista

de

las

grandes

guerras

religiosas

y

políticas

de

la

época:

combatió

contra

Francia,

Inglaterra

y

los

Países

Bajos,

y

se

presentó

como

baluarte

de

la

Contrarreforma

católica.

Sin

embargo,

las

continuas

guerras,

la

intolerancia

reli

-

giosa

y

los

problemas

económicos

marcaron

el

inicio

de

su

decadencia.

En

el

siglo

XVII,

España

perdió

progresivamente

su

papel

de

po

-

tencia

hegemónica.

Las

derrotas

militares,

las

crisis

económicas

y

la

pérdida

de

territorios

europeos

debilitaron

el

Estado.

A

la

muerte

del

último

soberano

de

la

casa

de

Austria,

Carlos

II,

es

-

talló

la

guerra

de

sucesión

española

(1701–1714),

que

llevó

al

trono a la dinastía borbónica.

Con

los

Borbones,

España

inició

un

proceso

de

reformas

ad

-

ministrativas

y

económicas

inspiradas

en

la

Ilustración.

Se

mod

-

ernizaron

las

instituciones,

se

reorganizó

el

imperio

colonial

y

se

impulsó

el

comercio.

Sin

embargo,

el

país

siguió

marcado

por

el

atraso

económico

y

la

dependencia

de

las

grandes

potencias

europeas.

En

el

siglo

XIX,

España

se

vio

sacudida

por

la

invasión

napoleónica

(1808–1814),

que

estimuló

el

nacimiento

del

liberal

-

ismo

y

de

la

Constitución

de

1812.

Tras

la

restauración

monárquica,

el

país

estuvo

marcado

por

la

inestabilidad

política,

los

conflictos

entre

liberales

y

conservadores

y

las

guerras

carlistas.

Mientras

tanto,

las

colonias

americanas

conquistaron

su

inde

-

pendencia,

privando

a

España

de

su

imperio.

La

derrota

de

1898

frente

a

Estados

Unidos

marcó

la

pérdida

de

las

últimas

colonias

y una profunda crisis nacional.

En

las

primeras

décadas

del

siglo

XX,

España

atravesó

fuertes

tensiones

sociales

y

políticas,

culminadas

en

la

dictadura

de

Primo

de

Rivera

(1923–1930).

En

1931

fue

proclamada

la

República,

que

introdujo

reformas

democráticas

y

sociales,

pero

no logró resolver las profundas divisiones del país.

En

1936

estalló

la

guerra

civil

entre

republicanos

y

nacionalistas

dirigidos

por

Francisco

Franco.

Tras

tres

años

de

sangriento

conflicto,

Franco

instauró

una

dictadura

autoritaria.

Durante

el

régimen

franquista,

España

permaneció

políticamente

aislada,

aunque

experimentó

un

fuerte

desarrollo

económico

a

partir

de

los

años

sesenta.

A

la

muerte

de

Franco

en

1975,

el

rey

Juan

Carlos

I

guió

la

transición

hacia

la

democracia,

culminada

con

la Constitución de 1978.

En

las

últimas

décadas,

España

se

ha

consolidado

como

un

Estado

democrático,

integrado

en

la

Unión

Europea

y

protago

-

nista

de

la

política

internacional.

En

2014,

Juan

Carlos

I

abdicó

en favor de su hijo Felipe VI, actual rey de España.

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