Los Carabinieri Reales en la Campaña de España
(1936-1939)
Con
el
estallido
de
la
Guerra
Civil
española,
en
octubre
de
1936,
el
gobierno
de
Benito
Mussolini
encomendó
al
general
Mario
Roatta,
jefe
del
SIM
(Servicio
de
Información
Militar),
la
tarea
de
organizar
un
contingente
de
voluntarios
italianos
destinado
a
operar
junto
a
las
fuerzas
nacionalistas
dirigidas
por
el
general
Francisco
Franco.
Para
llevar
a
cabo
la
operación,
Roatta
contó
con
la
colaboración
del
coronel
de
los
Carabinieri
Reales
Giuseppe
Pièche
1
,
entonces
responsable
de
la
III
Sección
de
«Contraespionaje».
La
misión,
desarrollada
de
manera
reservada,
preveía
la
formación
de
un
contingente
de
Tropas
Voluntarias
que,
al
menos
inicialmente,
sería
absorbido
formalmente
por
la
Legión
Extranjera
española
(Tercio
Extranjero).
Este
recurso
permitía
eludir
los
controles
impuestos
por
el
«Pacto
de
No
Intervención»,
suscrito
por
27
países,
evitando
atribuir
a
Italia
una
participación
oficial
y
directa
en
el conflicto.
El
primer
núcleo
de
Carabinieri
Reales
enviado
a
España
no
superaba
los
350
efectivos,
cifra
que
aumentó
hasta
aproximadamente
500
tras
la
desastrosa
batalla
de
Guadalajara
2
.
El
contingente
fue
organizado
en
tres
Secciones
y
una
Compañía,
a
su
vez
subdividida
en
otras
Secciones,
con
el
fin
de
responder
a
las
necesidades
operativas
y
de
movilidad
del
Corpo
Truppe
Volontarie
(CTV),
que
entretanto
había
adquirido
autonomía de mando propia.
En
una
primera
fase,
los
Carabinieri
vestían
un
uniforme
color
caqui
de
estilo
español,
sobre
el
cual
destacaban
los
distintivos
plateados
ribeteados
en
rojo,
clara
señal
identificativa
del
Arma
3
.
La
población
local,
sin
embargo,
tendía
a
confundirlos
con
los
«Carabineros»,
las
fuerzas
aduaneras
que
permanecieron
fieles
a
la
República,
mientras
que
la
Guardia
Civil
—institución
muy
similar
al
Arma
de
Carabinieri por estructura y funciones
4
— se alineó casi por completo con el bando nacionalista.
Entre
los
Carabinieri
Reales
y
la
Guardia
Civil
se
estableció
desde
el
primer
momento
una
relación
de
profunda
colaboración
y
estima
mutua.
Ambas
instituciones
compartían
un
fuerte
sentido
de
la
disciplina,
de
la
lealtad
y
una
presencia
capilar
en
el
territorio
que
permitía
un
contacto
directo
y
cotidiano
con
la
población.
No
era
raro
ver,
en
la
retaguardia,
unidades
de
la
Guardia
Civil
operando
bajo
la
coordinación
de
las
Secciones
de
Carabinieri
establecidas
en
las
Divisiones
del
CTV,
cooperando
codo
con
codo
en
delicados
servicios
de
seguridad
y
orden
público.
Los
cuarteles
de
la
Guardia
Civil
se
convirtieron
con
frecuencia
en
lugares
de
acogida
para
los
militares
italianos,
en un clima de auténtica fraternidad de armas.
Las
tareas
asignadas
a
los
Carabinieri
Reales
iban
mucho
más
allá
de
las
tradicionales
funciones
de
Policía
Militar.
Eran
responsables,
entre
otras
misiones,
de
escoltar
convoyes
de
abastecimiento
a
lo
largo
de
una
red
vial
y
ferroviaria
notoriamente
deficiente.
Las
pocas
vías
de
comunicación
disponibles
debían
ser
utilizadas
simultáneamente
por
los
vehículos
sanitarios
dedicados
al
transporte
de
heridos
y
por
las
columnas
militares
cargadas
de
hombres
y
materiales.
En
este
contexto,
la
seguridad
vial
se
convirtió
en
un
elemento
crucial,
especialmente
durante
las
fases
más
intensas
de
los
combates,
cuando
la
confusión
y
la
falta
de
comunicaciones amenazaban con comprometer las operaciones.
Bajo
los
bombardeos
de
la
artillería
y
de
la
aviación
republicana,
el
pánico
podía
tener
efectos
devastadores.
Acelerar
para
escapar
de
las
granadas
significaba
a
menudo
exponerse
a
peligros
aún
mayores.
En
tales
circunstancias,
era
frecuente
ver
a
los
Carabinieri
Reales
mantener
puestos
de
control
y
barreras
en
los
cruces
de
caminos,
señalando
peligros
e
indicando
desvíos
seguros,
muchas
veces
bajo
fuego
enemigo.
Ocurría
incluso
que
el
militar
enviado
para
relevar
a
un
compañero
lo
encontrara gravemente herido o mortalmente alcanzado por la metralla.
El periodista Luigi Barzini, corresponsal de guerra en 1938, describió así la presencia de los Carabinieri en el frente:
«En
las
zonas
solitarias,
cerca
del
frente,
donde
nunca
se
estaba
seguro
de
haber
tomado
el
camino
correcto
y
de
no
haber
terminado en territorio enemigo, la visión de un carabinero de guardia, tranquilo y solo, era un gran consuelo.»
Y añadía:
«El
Carabinere
es
protección,
socorro,
orden,
consejo
y
ejemplo;
casi
siempre
solo,
suficiente
e
indispensable.
En
las
trincheras,
en
los
senderos
de
acceso
a
las
posiciones,
junto
a
los
mandos,
a
lo
largo
de
las
carreteras
y
hasta
en
las
bases,
en
todas
partes,
aparecía
ese disperso punteado de carabinieri inmóviles y atentos, destinados a impedir o facilitar el paso.»
No
faltaron
episodios
de
heroísmo,
como
tampoco
faltaron
muertos
y
heridos.
El
balance
para
el
Arma
de
Carabinieri
en
la
Campaña
de
España
fue
de
9
fallecidos
y
33
heridos.
Fueron
concedidas
9
Medallas
de
Plata
al
Valor
Militar,
33
Medallas
de
Bronce,
136
Cruces al Valor Militar y 32 ascensos por méritos de guerra.
Resulta
emblemático
el
episodio
ocurrido
en
agosto
de
1938
en
Soncillo,
cerca
de
Santander.
Durante
un
violento
bombardeo
republicano,
los
carabinieri
Carlo
Bonifacino
y
Beniamino
Proietti
permanecieron
en
la
plaza
alcanzada
por
las
granadas
para
regular
el
tráfico
de
las
columnas
de
camiones.
Una
granada
explotó
repentinamente
frente
a
ellos:
Bonifacino
murió
en
el
acto,
mientras
que
Proietti,
gravemente
herido
en
una
pierna,
falleció
pocos
días
después
en
el
hospital.
Sus
restos
reposan
hoy
en
el
Sacrario
Militar
Italiano
de
Zaragoza
5
.
Otros
Carabinieri
perdieron
la
vida
en
servicio,
a
menudo
debido
a
accidentes
de
tráfico
durante
las
agotadoras
misiones
de
escolta.
Además
de
Bonifacino
y
Proietti,
cayeron
Giuseppe
Grasselli,
muerto
en
Burgos
el
17
de
mayo
de
1937;
Salvatore
Giallara,
fallecido
en
Vitoria
por
un
disparo
accidental;
Giuseppe
Silvestrini,
atropellado
por
un
camión
militar
en
Quintanillas;
Pietro
Briatore,
muerto
en
Alcañiz
por
heridas
de
metralla;
Demos
Simonazzi,
fallecido
por
la
explosión
de
una
granada
también
en
Alcañiz;
Vittorio
Giannini,
muerto
en
combate
en
Aldover; y Donato De Felice, fallecido en Granyena el 28 de diciembre de 1938
6
.
También
en
primera
línea
los
Carabinieri
Reales
se
distinguieron,
combatiendo
frecuentemente
junto
a
las
unidades
del
CTV.
Particularmente
relevante
fue
su
contribución
en
la
gestión
de
los
prisioneros
de
guerra.
Durante
la
ocupación
de
Santander,
la
repentina
rendición
de
unos
25.000
soldados
republicanos
sorprendió
al
CTV
sin
preparación
suficiente:
faltaban
estructuras
de
detención,
el
suministro
de
agua
había
sido
interrumpido
por
sabotajes
y
los
víveres
escaseaban.
Sin
embargo,
una
pequeña
guarnición
compuesta
por
cuatro
oficiales
y
una
treintena
de
Carabinieri
consiguió
desarmar
y
distribuir
a
todos
los
prisioneros
en
campos
provisionales,
confiando
su
vigilancia
a
las
milicias.
En
pocos
días
se
restablecieron
las
conducciones
de
agua,
se
distribuyeron
comidas
calientes
y
se
instaló
un
hospital
de
campaña.
Diez
días
después,
el
ejército
regular
español
recibió
una
situación ya estabilizada, fruto de una auténtica demostración de eficiencia organizativa.
7
La
presencia
del
Arma
también
resultó
determinante
en
los
territorios
conquistados,
contribuyendo
a
contener
episodios
de
venganza
y
represión
sumaria.
Sin
embargo,
una
vez
transferido
el
control
a
las
autoridades
nacionalistas,
no
siempre
fue
posible
evitar fusilamientos y actos de violencia llevados a cabo por los tribunales militares de ocupación
Con
la
rendición
de
Madrid,
el
31
de
marzo
de
1939,
el
contingente
italiano
del
CTV
y
los
Carabinieri
Reales
fueron
repatriados.
Muchos
recibieron
condecoraciones
del
gobierno
de
la
«Nueva
España»,
pero
la
historia
pronto
cambiaría
de
rumbo:
después
de
1943,
aquellos
mismos
militares
relatarían
sus
experiencias
no
ya
como
vencedores, sino como derrotados.
Hoy,
décadas
después,
la
Guerra
Civil
española
sigue
siendo
una
herida
compleja
en
la
memoria
colectiva.
La
España
democrática
aún
encuentra
dificultades
para
enfrentarse
serenamente
a
aquel
pasado,
pero
el
conocimiento
histórico
sigue
siendo
un
deber,
sobre
todo
para
las
nuevas
generaciones.
Todos
los
caídos
de
aquel
conflicto
fratricida
combatieron
por
ideales
distintos,
a
menudo
de
manera
ciega,
pero
contribuyeron,
para
bien
o
para
mal,
a
la
construcción
de
una misma Patria.
En
el
Sacrario
Militar
Italiano
de
Zaragoza,
donde
reposan
los
caídos
de
la
Guerra
de
España
de
ambos
bandos,
ya
no
llegan
testigos
que
«recuerdan»,
sino
personas
que
desean
conocer.
Conocer
hoy
significa
no
olvidar:
aceptar
que,
en
la
diversidad
de
ideas, siempre deben buscarse soluciones pacíficas, en el respeto de las normas y de la convivencia entre los pueblos.
Descansen
en
paz
todos
nuestros
italianos
caídos
en
tierra
de
España,
hoy
unidos
y
hermanos
ante
la
presencia
del
Padre,
Señor
de
los cielos.
Articulo del Alférez Pil. (rc) Giuseppe Coviello
Presidente de la Sección Exterior A.N.C. - España
1
El
general
Giuseppe
Pièche
fue
el
primer
Comandante
General
del
Arma
de
Carabinieri
en
la
Italia
surgida
tras
la
experiencia
del
régimen
fascista,
llamado
a
dirigir
la
Institución
en
uno
de
los
momentos
más
dramáticos
y
complejos
de
su
historia.
Tras
el
anuncio
del
armisticio
del
8
de
septiembre
de
1943
y
la
consiguiente
proclamación
del
denominado
Reino
del
Sur,
el
gobierno
provisional
encabezado
por
el
mariscal
Pietro
Badoglio
y
la
Familia
Real
se
refugiaron
en
Brindisi,
en
los
territorios
del
sur
de
Italia
ya
sustraídos
al
control
de
las
fuerzas
nazi-fascistas.
En
ese
contexto
de
emergencia
institucional
y
militar,
el
12
de
septiembre
de
1943
se
constituyó
el
Mando
de
los
Carabinieri
Reales
de
la
Italia
Meridional,
puesto
bajo
las
órdenes
del
coronel
Romano
Dalla
Chiesa,
padre
del
general
Carlo
Alberto
Dalla
Chiesa,
asesinado
por
la
mafia en septiembre de 1982.
Con
el
avance
de
las
fuerzas
aliadas
en
Apulia,
posteriormente
se
creó
en
Bari
el
Mando
del
Arma
de
Carabinieri
Reales
de
la
Italia
Liberada,
confiado
al
vicecomandante
Giuseppe
Pièche,
quien
asumió
de
facto
la
dirección
del
Arma
en
una
etapa
marcada
por
la
desintegración
del
Estado, la ocupación alemana de gran parte del territorio nacional y la necesidad de reconstruir una autoridad legítima.
A
Pièche
se
debe
la
iniciativa
de
encomendar
al
teniente
coronel
Marco
Bianco
la
lectura
de
un
fundamental
mensaje
radiofónico
dirigido
a
los
carabinieri
que
permanecían
en
las
zonas
ocupadas.
En
dicho
mensaje
se
exhortaba
a
los
miembros
del
Arma
a
oponer
una
resistencia
activa
a
las
tropas
alemanas,
aunque
recomendando
la
máxima
prudencia
para
evitar
exponer
a
la
población
civil
a
las
brutales
y
tristemente célebres represalias nazi-fascistas.
En
aquel
período
oscuro
y
desgarrador,
numerosos
carabinieri
ofrecieron
su
vida
en
un
supremo
sacrificio
patriótico.
Entre
ellos
se
encontraban
el
vicebrigadier
Salvo
D’Acquisto,
los
carabinieri
de
Fiesole
Alberto
La
Rocca,
Fulvio
Sbarretti
y
Vittorio
Marandola,
así
como
los
doce
miembros
del
Arma
asesinados
en
las
Fosas
Ardeatinas,
símbolos
de
una
fidelidad
al
Estado
y
al
deber
llevada
hasta
el
sacrificio
extremo.
El
20
de
julio
de
1944,
tras
la
dimisión
de
Badoglio
y
el
nombramiento
de
Ivanoe
Bonomi
como
Presidente
del
Consejo
y
Gobernador
Provisional
del
Reino
de
Italia,
el
general
Giuseppe
Pièche
fue
confirmado
oficialmente
como
Comandante
General
del
Arma
de
Carabinieri,
consolidando
el
papel
de
la
Institución
como
garante
de
la
legalidad,
continuidad
del
Estado
y
referencia
moral
en
una
Nación
todavía
profundamente marcada por la guerra y la división.
2
Javier Rodrigo, La Guerra fascista, Alianza Editorial, Madrid, 2016, págs. 143-145.
3
I Carabinieri Reali in Spagna, general G. Piéche, Rivista dei Carabinieri Reali, n.º 4, julio-agosto de 1940.
4
En
1844,
durante
el
reinado
de
Isabel
II
de
España,
fue
creado
el
Cuerpo
de
la
Guardia
Civil,
en
cuya
organización
participaron
oficiales
superiores
de
los
Carabinieri
Reales
enviados
desde
Turín.
En
la
redacción
de
la
Cartilla
de
la
Guardia
Civil,
verdadero
código
moral
y
deontológico del Cuerpo Militar, pueden apreciarse numerosas similitudes con el Reglamento General de los Carabinieri redactado en 1822.
5
I Carabinieri Reali in Spagna, General G. Piéche, Rivista dei Carabinieri Reali, n.º 4, julio-agosto de 1940.
6
Datos proporcionados por el Museo Histórico del Arma de Carabinieri - Roma.
7
I Carabinieri Reali in Spagna, general G. Piéche, Rivista dei Carabinieri Reali, n.º 4, julio-agosto de 1940.
*
Las
fotografías
de
la
6.ª
Sección
de
los
Carabinieri
Reales,
del
mayor
Roberto
De
Biagio
en
Santander
y
del
Comandante
de
la
Guardia
Civil
de
Logroño con dedicatoria al coronel Giuseppe Pièche han sido gentilmente facilitadas por el Museo del Arma de Carabinieri de Roma.
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