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Los Carabinieri Reales en la Campaña de España

(1936-1939)

Con el estallido de la Guerra Civil española, en octubre de 1936, el gobierno de Benito Mussolini encomendó al general Mario Roatta, jefe del SIM (Servicio de Información Militar), la tarea de organizar un contingente de voluntarios italianos destinado a operar junto a las fuerzas nacionalistas dirigidas por el general Francisco Franco. Para llevar a cabo la operación, Roatta contó con la colaboración del coronel de los Carabinieri Reales Giuseppe Pièche 1 , entonces responsable de la III Sección de «Contraespionaje». La misión, desarrollada de manera reservada, preveía la formación de un contingente de Tropas Voluntarias que, al menos inicialmente, sería absorbido formalmente por la Legión Extranjera española (Tercio Extranjero). Este recurso permitía eludir los controles impuestos por el «Pacto de No Intervención», suscrito por 27 países, evitando atribuir a Italia una participación oficial y directa en el conflicto. El primer núcleo de Carabinieri Reales enviado a España no superaba los 350 efectivos, cifra que aumentó hasta aproximadamente 500 tras la desastrosa batalla de Guadalajara 2 . El contingente fue organizado en tres Secciones y una Compañía, a su vez subdividida en otras Secciones, con el fin de responder a las necesidades operativas y de movilidad del Corpo Truppe Volontarie (CTV), que entretanto había adquirido autonomía de mando propia. En una primera fase, los Carabinieri vestían un uniforme color caqui de estilo español, sobre el cual destacaban los distintivos plateados ribeteados en rojo, clara señal identificativa del Arma 3 . La población local, sin embargo, tendía a confundirlos con los «Carabineros», las fuerzas aduaneras que permanecieron fieles a la República, mientras que la Guardia Civil —institución muy similar al Arma de Carabinieri por estructura y funciones 4 — se alineó casi por completo con el bando nacionalista. Entre los Carabinieri Reales y la Guardia Civil se estableció desde el primer momento una relación de profunda colaboración y estima mutua. Ambas instituciones compartían un fuerte sentido de la disciplina, de la lealtad y una presencia capilar en el territorio que permitía un contacto directo y cotidiano con la población. No era raro ver, en la retaguardia, unidades de la Guardia Civil operando bajo la coordinación de las Secciones de Carabinieri establecidas en las Divisiones del CTV, cooperando codo con codo en delicados servicios de seguridad y orden público. Los cuarteles de la Guardia Civil se convirtieron con frecuencia en lugares de acogida para los militares italianos, en un clima de auténtica fraternidad de armas. Las tareas asignadas a los Carabinieri Reales iban mucho más allá de las tradicionales funciones de Policía Militar. Eran responsables, entre otras misiones, de escoltar convoyes de abastecimiento a lo largo de una red vial y ferroviaria notoriamente deficiente. Las pocas vías de comunicación disponibles debían ser utilizadas simultáneamente por los vehículos sanitarios dedicados al transporte de heridos y por las columnas militares cargadas de hombres y materiales. En este contexto, la seguridad vial se convirtió en un elemento crucial, especialmente durante las fases más intensas de los combates, cuando la confusión y la falta de comunicaciones amenazaban con comprometer las operaciones. Bajo los bombardeos de la artillería y de la aviación republicana, el pánico podía tener efectos devastadores. Acelerar para escapar de las granadas significaba a menudo exponerse a peligros aún mayores. En tales circunstancias, era frecuente ver a los Carabinieri Reales mantener puestos de control y barreras en los cruces de caminos, señalando peligros e indicando desvíos seguros, muchas veces bajo fuego enemigo. Ocurría incluso que el militar enviado para relevar a un compañero lo encontrara gravemente herido o mortalmente alcanzado por la metralla. El periodista Luigi Barzini, corresponsal de guerra en 1938, describió así la presencia de los Carabinieri en el frente: «En las zonas solitarias, cerca del frente, donde nunca se estaba seguro de haber tomado el camino correcto y de no haber terminado en territorio enemigo, la visión de un carabinero de guardia, tranquilo y solo, era un gran consuelo.» Y añadía: «El Carabinere es protección, socorro, orden, consejo y ejemplo; casi siempre solo, suficiente e indispensable. En las trincheras, en los senderos de acceso a las posiciones, junto a los mandos, a lo largo de las carreteras y hasta en las bases, en todas partes, aparecía ese disperso punteado de carabinieri inmóviles y atentos, destinados a impedir o facilitar el paso.» No faltaron episodios de heroísmo, como tampoco faltaron muertos y heridos. El balance para el Arma de Carabinieri en la Campaña de España fue de 9 fallecidos y 33 heridos. Fueron concedidas 9 Medallas de Plata al Valor Militar, 33 Medallas de Bronce, 136 Cruces al Valor Militar y 32 ascensos por méritos de guerra. Resulta emblemático el episodio ocurrido en agosto de 1938 en Soncillo, cerca de Santander. Durante un violento bombardeo republicano, los carabinieri Carlo Bonifacino y Beniamino Proietti permanecieron en la plaza alcanzada por las granadas para regular el tráfico de las columnas de camiones. Una granada explotó repentinamente frente a ellos: Bonifacino murió en el acto, mientras que Proietti, gravemente herido en una pierna, falleció pocos días después en el hospital. Sus restos reposan hoy en el Sacrario Militar Italiano de Zaragoza 5 . Otros Carabinieri perdieron la vida en servicio, a menudo debido a accidentes de tráfico durante las agotadoras misiones de escolta. Además de Bonifacino y Proietti, cayeron Giuseppe Grasselli, muerto en Burgos el 17 de mayo de 1937; Salvatore Giallara, fallecido en Vitoria por un disparo accidental; Giuseppe Silvestrini, atropellado por un camión militar en Quintanillas; Pietro Briatore, muerto en Alcañiz por heridas de metralla; Demos Simonazzi, fallecido por la explosión de una granada también en Alcañiz; Vittorio Giannini, muerto en combate en Aldover; y Donato De Felice, fallecido en Granyena el 28 de diciembre de 1938 6 . También en primera línea los Carabinieri Reales se distinguieron, combatiendo frecuentemente junto a las unidades del CTV. Particularmente relevante fue su contribución en la gestión de los prisioneros de guerra. Durante la ocupación de Santander, la repentina rendición de unos 25.000 soldados republicanos sorprendió al CTV sin preparación suficiente: faltaban estructuras de detención, el suministro de agua había sido interrumpido por sabotajes y los víveres escaseaban. Sin embargo, una pequeña guarnición compuesta por cuatro oficiales y una treintena de Carabinieri consiguió desarmar y distribuir a todos los prisioneros en campos provisionales, confiando su vigilancia a las milicias. En pocos días se restablecieron las conducciones de agua, se distribuyeron comidas calientes y se instaló un hospital de campaña. Diez días después, el ejército regular español recibió una situación ya estabilizada, fruto de una auténtica demostración de eficiencia organizativa. 7 La presencia del Arma también resultó determinante en los territorios conquistados, contribuyendo a contener episodios de venganza y represión sumaria. Sin embargo, una vez transferido el control a las autoridades nacionalistas, no siempre fue posible evitar fusilamientos y actos de violencia llevados a cabo por los tribunales militares de ocupación Con la rendición de Madrid, el 31 de marzo de 1939, el contingente italiano del CTV y los Carabinieri Reales fueron repatriados. Muchos recibieron condecoraciones del gobierno de la «Nueva España», pero la historia pronto cambiaría de rumbo: después de 1943, aquellos mismos militares relatarían sus experiencias no ya como vencedores, sino como derrotados. Hoy, décadas después, la Guerra Civil española sigue siendo una herida compleja en la memoria colectiva. La España democrática aún encuentra dificultades para enfrentarse serenamente a aquel pasado, pero el conocimiento histórico sigue siendo un deber, sobre todo para las nuevas generaciones. Todos los caídos de aquel conflicto fratricida combatieron por ideales distintos, a menudo de manera ciega, pero contribuyeron, para bien o para mal, a la construcción de una misma Patria. En el Sacrario Militar Italiano de Zaragoza, donde reposan los caídos de la Guerra de España de ambos bandos, ya no llegan testigos que «recuerdan», sino personas que desean conocer. Conocer hoy significa no olvidar: aceptar que, en la diversidad de ideas, siempre deben buscarse soluciones pacíficas, en el respeto de las normas y de la convivencia entre los pueblos. Descansen en paz todos nuestros italianos caídos en tierra de España, hoy unidos y hermanos ante la presencia del Padre, Señor de los cielos. Articulo del Alférez Pil. (rc) Giuseppe Coviello Presidente de la Sección Exterior A.N.C. - España 1 El general Giuseppe Pièche fue el primer Comandante General del Arma de Carabinieri en la Italia surgida tras la experiencia del régimen fascista, llamado a dirigir la Institución en uno de los momentos más dramáticos y complejos de su historia. Tras el anuncio del armisticio del 8 de septiembre de 1943 y la consiguiente proclamación del denominado Reino del Sur, el gobierno provisional encabezado por el mariscal Pietro Badoglio y la Familia Real se refugiaron en Brindisi, en los territorios del sur de Italia ya sustraídos al control de las fuerzas nazi-fascistas. En ese contexto de emergencia institucional y militar, el 12 de septiembre de 1943 se constituyó el Mando de los Carabinieri Reales de la Italia Meridional, puesto bajo las órdenes del coronel Romano Dalla Chiesa, padre del general Carlo Alberto Dalla Chiesa, asesinado por la mafia en septiembre de 1982. Con el avance de las fuerzas aliadas en Apulia, posteriormente se creó en Bari el Mando del Arma de Carabinieri Reales de la Italia Liberada, confiado al vicecomandante Giuseppe Pièche, quien asumió de facto la dirección del Arma en una etapa marcada por la desintegración del Estado, la ocupación alemana de gran parte del territorio nacional y la necesidad de reconstruir una autoridad legítima. A Pièche se debe la iniciativa de encomendar al teniente coronel Marco Bianco la lectura de un fundamental mensaje radiofónico dirigido a los carabinieri que permanecían en las zonas ocupadas. En dicho mensaje se exhortaba a los miembros del Arma a oponer una resistencia activa a las tropas alemanas, aunque recomendando la máxima prudencia para evitar exponer a la población civil a las brutales y tristemente célebres represalias nazi-fascistas. En aquel período oscuro y desgarrador, numerosos carabinieri ofrecieron su vida en un supremo sacrificio patriótico. Entre ellos se encontraban el vicebrigadier Salvo D’Acquisto, los carabinieri de Fiesole Alberto La Rocca, Fulvio Sbarretti y Vittorio Marandola, así como los doce miembros del Arma asesinados en las Fosas Ardeatinas, símbolos de una fidelidad al Estado y al deber llevada hasta el sacrificio extremo. El 20 de julio de 1944, tras la dimisión de Badoglio y el nombramiento de Ivanoe Bonomi como Presidente del Consejo y Gobernador Provisional del Reino de Italia, el general Giuseppe Pièche fue confirmado oficialmente como Comandante General del Arma de Carabinieri, consolidando el papel de la Institución como garante de la legalidad, continuidad del Estado y referencia moral en una Nación todavía profundamente marcada por la guerra y la división. 2 Javier Rodrigo, La Guerra fascista, Alianza Editorial, Madrid, 2016, págs. 143-145. 3 I Carabinieri Reali in Spagna, general G. Piéche, Rivista dei Carabinieri Reali, n.º 4, julio-agosto de 1940. 4 En 1844, durante el reinado de Isabel II de España, fue creado el Cuerpo de la Guardia Civil, en cuya organización participaron oficiales superiores de los Carabinieri Reales enviados desde Turín. En la redacción de la Cartilla de la Guardia Civil, verdadero código moral y deontológico del Cuerpo Militar, pueden apreciarse numerosas similitudes con el Reglamento General de los Carabinieri redactado en 1822. 5 I Carabinieri Reali in Spagna, General G. Piéche, Rivista dei Carabinieri Reali, n.º 4, julio-agosto de 1940. 6 Datos proporcionados por el Museo Histórico del Arma de Carabinieri - Roma. 7 I Carabinieri Reali in Spagna, general G. Piéche, Rivista dei Carabinieri Reali, n.º 4, julio-agosto de 1940. * Las fotografías de la 6.ª Sección de los Carabinieri Reales, del mayor Roberto De Biagio en Santander y del Comandante de la Guardia Civil de Logroño con dedicatoria al coronel Giuseppe Pièche han sido gentilmente facilitadas por el Museo del Arma de Carabinieri de Roma.
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Texto Carabinieri España
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Testo Carabinieri spagnolo Testo Carabinieri italiano

Los Carabinieri Reales en la Campaña de

España (1936-1939)

Con el estallido de la Guerra Civil española, en octubre de 1936, el gobierno de Benito Mussolini encomendó al general Mario Roatta, jefe del SIM (Servicio de Información Militar), la tarea de organizar un contingente de voluntarios italianos destinado a operar junto a las fuerzas nacionalistas dirigidas por el general Francisco Franco. Para llevar a cabo la operación, Roatta contó con la colaboración del coronel de los Carabinieri Reales Giuseppe Pièche 1 , entonces responsable de la III Sección de «Contraespionaje». La misión, desarrollada de manera reservada, preveía la formación de un contingente de Tropas Voluntarias que, al menos inicialmente, sería absorbido formalmente por la Legión Extranjera española (Tercio Extranjero). Este recurso permitía eludir los controles impuestos por el «Pacto de No Intervención», suscrito por 27 países, evitando atribuir a Italia una participación oficial y directa en el conflicto. El primer núcleo de Carabinieri Reales enviado a España no superaba los 350 efectivos, cifra que aumentó hasta aproximadamente 500 tras la desastrosa batalla de Guadalajara 2 . El contingente fue organizado en tres Secciones y una Compañía, a su vez subdividida en otras Secciones, con el fin de responder a las necesidades operativas y de movilidad del Corpo Truppe Volontarie (CTV), que entretanto había adquirido autonomía de mando propia. En una primera fase, los Carabinieri vestían un uniforme color caqui de estilo español, sobre el cual destacaban los distintivos plateados ribeteados en rojo, clara señal identificativa del Arma 3 . La población local, sin embargo, tendía a confundirlos con los «Carabineros», las fuerzas aduaneras que permanecieron fieles a la República, mientras que la Guardia Civil —institución muy similar al Arma de Carabinieri por estructura y funciones 4 se alineó casi por completo con el bando nacionalista. Entre los Carabinieri Reales y la Guardia Civil se estableció desde el primer momento una relación de profunda colaboración y estima mutua. Ambas instituciones compartían un fuerte sentido de la disciplina, de la lealtad y una presencia capilar en el territorio que permitía un contacto directo y cotidiano con la población. No era raro ver, en la retaguardia, unidades de la Guardia Civil operando bajo la coordinación de las Secciones de Carabinieri establecidas en las Divisiones del CTV, cooperando codo con codo en delicados servicios de seguridad y orden público. Los cuarteles de la Guardia Civil se convirtieron con frecuencia en lugares de acogida para los militares italianos, en un clima de auténtica fraternidad de armas. Las tareas asignadas a los Carabinieri Reales iban mucho más allá de las tradicionales funciones de Policía Militar. Eran responsables, entre otras misiones, de escoltar convoyes de abastecimiento a lo largo de una red vial y ferroviaria notoriamente deficiente. Las pocas vías de comunicación disponibles debían ser utilizadas simultáneamente por los vehículos sanitarios dedicados al transporte de heridos y por las columnas militares cargadas de hombres y materiales. En este contexto, la seguridad vial se convirtió en un elemento crucial, especialmente durante las fases más intensas de los combates, cuando la confusión y la falta de comunicaciones amenazaban con comprometer las operaciones. Bajo los bombardeos de la artillería y de la aviación republicana, el pánico podía tener efectos devastadores. Acelerar para escapar de las granadas significaba a menudo exponerse a peligros aún mayores. En tales circunstancias, era frecuente ver a los Carabinieri Reales mantener puestos de control y barreras en los cruces de caminos, señalando peligros e indicando desvíos seguros, muchas veces bajo fuego enemigo. Ocurría incluso que el militar enviado para relevar a un compañero lo encontrara gravemente herido o mortalmente alcanzado por la metralla. El periodista Luigi Barzini, corresponsal de guerra en 1938, describió así la presencia de los Carabinieri en el frente: «En las zonas solitarias, cerca del frente, donde nunca se estaba seguro de haber tomado el camino correcto y de no haber terminado en territorio enemigo, la visión de un carabinero de guardia, tranquilo y solo, era un gran consuelo.» Y añadía: «El Carabinere es protección, socorro, orden, consejo y ejemplo; casi siempre solo, suficiente e indispensable. En las trincheras, en los senderos de acceso a las posiciones, junto a los mandos, a lo largo de las carreteras y hasta en las bases, en todas partes, aparecía ese disperso punteado de carabinieri inmóviles y atentos, destinados a impedir o facilitar el paso.» No faltaron episodios de heroísmo, como tampoco faltaron muertos y heridos. El balance para el Arma de Carabinieri en la Campaña de España fue de 9 fallecidos y 33 heridos. Fueron concedidas 9 Medallas de Plata al Valor Militar, 33 Medallas de Bronce, 136 Cruces al Valor Militar y 32 ascensos por méritos de guerra. Resulta emblemático el episodio ocurrido en agosto de 1938 en Soncillo, cerca de Santander. Durante un violento bombardeo republicano, los carabinieri Carlo Bonifacino y Beniamino Proietti permanecieron en la plaza alcanzada por las granadas para regular el tráfico de las columnas de camiones. Una granada explotó repentinamente frente a ellos: Bonifacino murió en el acto, mientras que Proietti, gravemente herido en una pierna, falleció pocos días después en el hospital. Sus restos reposan hoy en el Sacrario Militar Italiano de Zaragoza 5 . Otros Carabinieri perdieron la vida en servicio, a menudo debido a accidentes de tráfico durante las agotadoras misiones de escolta. Además de Bonifacino y Proietti, cayeron Giuseppe Grasselli, muerto en Burgos el 17 de mayo de 1937; Salvatore Giallara, fallecido en Vitoria por un disparo accidental; Giuseppe Silvestrini, atropellado por un camión militar en Quintanillas; Pietro Briatore, muerto en Alcañiz por heridas de metralla; Demos Simonazzi, fallecido por la explosión de una granada también en Alcañiz; Vittorio Giannini, muerto en combate en Aldover; y Donato De Felice, fallecido en Granyena el 28 de diciembre de 1938 6 . También en primera línea los Carabinieri Reales se distinguieron, combatiendo frecuentemente junto a las unidades del CTV. Particularmente relevante fue su contribución en la gestión de los prisioneros de guerra. Durante la ocupación de Santander, la repentina rendición de unos 25.000 soldados republicanos sorprendió al CTV sin preparación suficiente: faltaban estructuras de detención, el suministro de agua había sido interrumpido por sabotajes y los víveres escaseaban. Sin embargo, una pequeña guarnición compuesta por cuatro oficiales y una treintena de Carabinieri consiguió desarmar y distribuir a todos los prisioneros en campos provisionales, confiando su vigilancia a las milicias. En pocos días se restablecieron las conducciones de agua, se distribuyeron comidas calientes y se instaló un hospital de campaña. Diez días después, el ejército regular español recibió una situación ya estabilizada, fruto de una auténtica demostración de eficiencia organizativa. 7 La presencia del Arma también resultó determinante en los territorios conquistados, contribuyendo a contener episodios de venganza y represión sumaria. Sin embargo, una vez transferido el control a las autoridades nacionalistas, no siempre fue posible evitar fusilamientos y actos de violencia llevados a cabo por los tribunales militares de ocupación Con la rendición de Madrid, el 31 de marzo de 1939, el contingente italiano del CTV y los Carabinieri Reales fueron repatriados. Muchos recibieron condecoraciones del gobierno de la «Nueva España», pero la historia pronto cambiaría de rumbo: después de 1943, aquellos mismos militares relatarían sus experiencias no ya como vencedores, sino como derrotados. Hoy, décadas después, la Guerra Civil española sigue siendo una herida compleja en la memoria colectiva. La España democrática aún encuentra dificultades para enfrentarse serenamente a aquel pasado, pero el conocimiento histórico sigue siendo un deber, sobre todo para las nuevas generaciones. Todos los caídos de aquel conflicto fratricida combatieron por ideales distintos, a menudo de manera ciega, pero contribuyeron, para bien o para mal, a la construcción de una misma Patria. En el Sacrario Militar Italiano de Zaragoza, donde reposan los caídos de la Guerra de España de ambos bandos, ya no llegan testigos que «recuerdan», sino personas que desean conocer. Conocer hoy significa no olvidar: aceptar que, en la diversidad de ideas, siempre deben buscarse soluciones pacíficas, en el respeto de las normas y de la convivencia entre los pueblos. Descansen en paz todos nuestros italianos caídos en tierra de España, hoy unidos y hermanos ante la presencia del Padre, Señor de los cielos. Articulo del Alférez Pil. (rc) Giuseppe Coviello Presidente de la Sección Exterior A.N.C. - España 1 El general Giuseppe Pièche fue el primer Comandante General del Arma de Carabinieri en la Italia surgida tras la experiencia del régimen fascista, llamado a dirigir la Institución en uno de los momentos más dramáticos y complejos de su historia. Tras el anuncio del armisticio del 8 de septiembre de 1943 y la consiguiente proclamación del denominado Reino del Sur, el gobierno provisional encabezado por el mariscal Pietro Badoglio y la Familia Real se refugiaron en Brindisi, en los territorios del sur de Italia ya sustraídos al control de las fuerzas nazi-fascistas. En ese contexto de emergencia institucional y militar, el 12 de septiembre de 1943 se constituyó el Mando de los Carabinieri Reales de la Italia Meridional, puesto bajo las órdenes del coronel Romano Dalla Chiesa, padre del general Carlo Alberto Dalla Chiesa, asesinado por la mafia en septiembre de 1982. Con el avance de las fuerzas aliadas en Apulia, posteriormente se creó en Bari el Mando del Arma de Carabinieri Reales de la Italia Liberada, confiado al vicecomandante Giuseppe Pièche, quien asumió de facto la dirección del Arma en una etapa marcada por la desintegración del Estado, la ocupación alemana de gran parte del territorio nacional y la necesidad de reconstruir una autoridad legítima. A Pièche se debe la iniciativa de encomendar al teniente coronel Marco Bianco la lectura de un fundamental mensaje radiofónico dirigido a los carabinieri que permanecían en las zonas ocupadas. En dicho mensaje se exhortaba a los miembros del Arma a oponer una resistencia activa a las tropas alemanas, aunque recomendando la máxima prudencia para evitar exponer a la población civil a las brutales y tristemente célebres represalias nazi-fascistas. En aquel período oscuro y desgarrador, numerosos carabinieri ofrecieron su vida en un supremo sacrificio patriótico. Entre ellos se encontraban el vicebrigadier Salvo D’Acquisto, los carabinieri de Fiesole Alberto La Rocca, Fulvio Sbarretti y Vittorio Marandola, así como los doce miembros del Arma asesinados en las Fosas Ardeatinas, símbolos de una fidelidad al Estado y al deber llevada hasta el sacrificio extremo. El 20 de julio de 1944, tras la dimisión de Badoglio y el nombramiento de Ivanoe Bonomi como Presidente del Consejo y Gobernador Provisional del Reino de Italia, el general Giuseppe Pièche fue confirmado oficialmente como Comandante General del Arma de Carabinieri, consolidando el papel de la Institución como garante de la legalidad, continuidad del Estado y referencia moral en una Nación todavía profundamente marcada por la guerra y la división. 2 Javier Rodrigo, La Guerra fascista, Alianza Editorial, Madrid, 2016, págs. 143-145. 3 I Carabinieri Reali in Spagna, general G. Piéche, Rivista dei Carabinieri Reali, n.º 4, julio-agosto de 1940. 4 En 1844, durante el reinado de Isabel II de España, fue creado el Cuerpo de la Guardia Civil, en cuya organización participaron oficiales superiores de los Carabinieri Reales enviados desde Turín. En la redacción de la Cartilla de la Guardia Civil, verdadero código moral y deontológico del Cuerpo Militar, pueden apreciarse numerosas similitudes con el Reglamento General de los Carabinieri redactado en 1822. 5 I Carabinieri Reali in Spagna, General G. Piéche, Rivista dei Carabinieri Reali, n.º 4, julio-agosto de 1940. 6 Datos proporcionados por el Museo Histórico del Arma de Carabinieri - Roma. 7 I Carabinieri Reali in Spagna, general G. Piéche, Rivista dei Carabinieri Reali, n.º 4, julio-agosto de 1940. * Las fotografías de la 6.ª Sección de los Carabinieri Reales, del mayor Roberto De Biagio en Santander y del Comandante de la Guardia Civil de Logroño con dedicatoria al coronel Giuseppe Pièche han sido gentilmente facilitadas por el Museo del Arma de Carabinieri de Roma.
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